jueves, 21 de agosto de 2008

El cumpleaños

El poblado bullía de expectación ante la fiesta más importante desde hacía años: el cumpleaños del Gran Arcano de los duendes. Las casas se habían engalanado para la ocasión, todos vestían sus mejores galas y desde días atrás todos se afanaban para que la fiesta fuera un éxito. Había comida y bebida para todos, música, bailes, juegos para los niños, fuegos artificiales...
Después de la comida y la fiesta llegó una grandiosa tarta. El Gran Arcano se acercó a la tarta y se hizo el silencio. "Gracias a todos por venir. Os estoy inmensamente agradecido. No es fácil llegar a mi edad, pero gracias a vosotros, a vuestro cariño, a vuestra amistad, estoy pletórico de energía y fuerza. Gracias por estar a mi lado".
Y dicho esto sopló las 153 velas de la tarta.

miércoles, 30 de julio de 2008

Peor imposible

- Y después del accidente que lo dejó paralítico, y de todo lo que te ha hecho sufrir, ¿por qué sigues con él?
- Porque no puedo imaginarle mayor sufrimiento que obligarle a ser consciente cada día de que depende de mí

lunes, 7 de julio de 2008

El guerrero

He defendido los intereses de mi señor. He peleado, luchado, destruido, matado, violado. He perdido mi honor al luchar por alcanzarlo. He hecho daño al intentar curar. Quería que me entendieran, pero he confundido a los demás. He provocado odio al intentar amar. He destruido para construir. He matado para vivir.

Sirvo a mi razón, no a mi corazón. Y ahora debo sufrir la soledad del desamor.

viernes, 4 de julio de 2008

Círculo vicioso

En sus innumerables años de viajes por el mundo vió y experimentó más de lo que cualquiera de nosotros hubiera imaginado jamás. Al volver al punto de partida se dió cuenta de que no reconocía nada. Y entendió que otros lugares también habrían cambiado y no serían los que él visitó.
- ¡Joder! Tendré que volver a empezar.

viernes, 27 de junio de 2008

Egocéntric@

- Te quiero
- Yo también me quiero

martes, 17 de junio de 2008

Duane Hanson

Podíamos vivir de forma honrada, aunque el trabajo que tenía no era gran cosa. Al menos me he librado del asqueroso olor de formol que impregnaba todo el ambiente. Era un poco tétrico, celador en la morgue del hospital, pero podía sacar a mi familia adelante. ¿Quién cuidará ahora de ellos, de mi madre anciana, de mi esposa, de mi hijo? No me tienen para estar con ellos, me retienen aquí encerrado, atado como un animal, en esta habitación sin ventanas. ¡No es justo! ¡Esta no es mi idea de lo que debe hacer la sociedad! ¡Voy a salir, querais o no!

Ahí lo tiene, se ha lanzado otra vez contra la puerta. ¿Qué habrá cruzado por la cabeza de esa pobre persona para hacer lo que hizo? Quizás tantos años de soledad, quizás su trabajo, quizás estaba trastornado desde siempre. Pero ya tenemos al responsable de las desapariciones de los cuerpos. Me alegro de que, además, haya podido localizar a los familiares para que se hagan cargo de los cadáveres. Claro que, a pesar del extraordinario trabajo que realizó ese hombre, no vamos a dejar que los vean en ese estado, tan... vivos, si quiere que le sea sincero. Incluso el forense, tan acostumbrado a tratar con cadáveres, quedó impresonado. Allí estaban los tres, sentados en el sofá del comedor, inmóviles, desde que ese pobre diablo que tenemos encerrado se fabricó su familia.

martes, 3 de junio de 2008

Cuentos

Caperucita se calzó al Lobo Feroz, antes de que éste se enterarse de que tenía cancer de pulmón cuando la casa del primer Cerdito no se cayó soplando, pero el Leñador cornudo sufrió un ataque de celos y asesinó a Caperucita a las puertas del castillo donde la Bella Durmiente se ponía hasta arriba de heroina con su aguja de dormir, para olvidar que el guapo Príncipe disfrutaba de las atenciones del Sastrecillo Valiente, famoso porque se tiró a siete en una noche, que se sospechaba eran los Siete Enanitos que se trajinaban a una bonita adolescente traficante de manzanas que robaba del huerto de la casa del Ogro que había tenido que vender su palacio por culpa de la especulación inmobiliaria y que, aparte de las manzanas, se dedicaba a la cría al por mayor de ratas, que se escaparon porque un ecologista gilipollas abrió las jaulas pensndo que les hacía un favor, y como las ratas no tenían para comer se fueron a buscar un Burguer a la ciudad, pero todos pensaron que estaban invadiendoles, así que pidieron ayuda al Príncipe, que llamó a Hamelin en busca de un flautista, más por descubrir la fama de su flauta que para que les librara de las ratas, pero el Flautista resultó ser un pederasta al que la Guardia Civil casi le corta las pelotas, lo llevaron al juez y éste lo envió a la cárcel, donde un grillo le contó la triste historia de un muñeco que se prostituía contando mentiras con la cara entre las piernas de sus clientas.

Y entonces, vino algún editor con visión de negocio y dijo que esto no se podía publicar tal cual porque al público no le gustaría.